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Paulatinamente se esparce en Occidente la práctica de la meditación sin el carácter exótico que
había adquirido en décadas pasadas cuando lo oriental subyugaba. La meditación es una práctica
esencialmente oriental y coincide con una visión de la vida.
Oriente y Occidente tienen visiones que no son necesariamente opuestas, cada vez más se encuentra su complementariedad. Así los estudios científicos y la divulgación del conocimiento hacen accesible menos prejuiciosamente herramientas como la meditación para beneficio de cualquiera. La tolerancia va de la mano de la meditación y aquel que medita con disciplina se hace más tolerante. La meditación y la disciplina le dan otra dimensión al tiempo, menos apuro y más calidad para la dedicación personal. La propia nutrición abundará en recursos para la entrega y dedicación a los demás, colaborando así con la evolución de la vida. Meditar es desapegarse y sobre todo de lo prescindente que muchas veces se encuentra demasiado adherido a nuestra persona. La observación y la postura de testigo nos permite andar por este mundo más atentos de lo esencial y de nuestro interior. El occidental puede recurrir a la meditación con mayor confianza que a la ingesta de fármacos y encontrará en ella un poderoso instrumento para el mar de tensiones y presiones cotidianas. No hace falta un escenario especial para meditar, una vez aprendidas las técnicas es posible practicar la meditación en circunstancias informales. Es un recurso accesible y recomendable para intentar cambios en la vida. Meditar es una práctica saludable y contribuye al tratamiento de varias enfermedades. Tambien es trascendente.
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